lunes, 20 de diciembre de 2010

LA FÁBULA UTÓPICA

Artículo de Fernando Camacho:

No me pidan, por favor, que recuerde quién dijo el otro día por la televisión, en la 2 concretamente, que una de las salidas para que Europa saliera definitivamente de la crisis junta sería dar un paso hacia delante, crear los Estados Unidos de Europa. Sería interesante ser un estado federal, aunque el fútbol dejaría de tener tanta gracia, siempre tiene su aquel ganar un mundial contra, por ejemplo, Holanda, ¿no creen? Esto, como todo, viene dado por su contrario: Se escucha, se dice, se comenta, que hay países que se están planteando salir del Euro. Creo que ni una cosa ni la otra.

El 24 de Enero del pasado año, el Follonero viajaba a Argentina para cambiar a Messi por Raúl, en teoría, me llamaron la atención dos cosas: Una es que hubo gente que hubiese hecho el trueque, otra, muy distinta, que un hombre dijo que en Argentina se ríen de nuestra crisis, y que allí hay crisis, más o menos, cada 10 o 12 años. Piénsenlo, nosotros, sin mirar fuera de las fronteras, estamos mal, los pobres de aquí, sin lugar a dudas, son pobres, pero ¿Se han parado a pensar que un rico de Camerún seguramente aquí pertenezca a la clase media? Sí, estamos en crisis, pero hay países que viven en una crisis permanente. Empecemos la fábula:
(Dale a "Leer más..." para seguir leyendo este artículo)

El niño jugaba con sus Playmobil en lo que en Navidad fue el portal de Belén pero con unos personajes distintos, ya era junio, y aunque el Belén pintaba poco en la entrada, era muy aprovechable para jugar a Robin Hood: Tenía bosques, ríos, cuevas y allá a lo lejos un castillo. – ¡Los impuestos, dame los impuestos!- Gritaba haciéndose pasar por el malvado Sheriff de Nottingham, al que sujetaba con la siniestra mientras en su diestra formaba galán el valiente Robin de Locksley. De repente le dio por pensar, había escuchado en la tele que el Presidente del Gobierno de su país utilizaría los impuestos para hacer más hospitales y parques en las partes del país que más lo necesitasen, que eso era solidaridad.

-Papá, ¿Tú conoces a alguien en Asturias?
-Pues no, hijo, no. ¿Por qué lo preguntas?
-En el cole nos han contado que en África no hay vacunas ni juguetes. Las vacunas me las ponen en el hospital- Las vacunas son inolvidables.- Y yo juego con mis amigos en el parque.-Los amigos también los son.- ¿Qué más te da que lo pongan en Asturias o que lo pongan en África, si en ninguno de los dos sitios conoces a nadie? Además, en el cole no dicen nada de que en Asturias se necesiten vacunas ni juguetes. –La cara del padre tornó de color, anochecieron, de repente, sus canas y tragó saliba.
-Piensas demasiado, hijo. -¿Hay otra respuesta?


“Qué utópico”, “ya es difícil pagar impuestos para alguien en Asturias, imagínate que se traspasan las fronteras”, “¿Estados Unidos de Europa?”, “¿En serio me estás hablando de derrumbar las fronteras en el mundo para que todos los países salgan de la crisis a la que perpetuamente viven condenados?” Si es eso lo que van a poner en los comentarios, ahórrenselo: La respuesta es a todo que sí. Pero no olviden una cosa, los utópicos del siglo XV son los padres de las Constituciones del XIX, las utópicas españolas de la primera parte del siglo XX al final acabaron teniendo derecho al voto en el 78. Utópico, sí, pero no olviden que la utopía de hoy será la ley de mañana.

Es más, me atrevo a decir que cuando no sea yo más que ceniza y por metal no tenga ni los clavos de mi ataúd, la conversación entre el padre y el hijo empezará así: “Papá, ¿tú conoces a alguien en Lima?” y seguirá diciendo el crío, respecto a su colegio: “Es que en el cole nos han dicho que los niños de Venus no tienen parques ni vacunas”. Y entonces otro utópico como yo será tachado de utópico y repetirá estas palabras sabe el destino con qué geografía.

Utopía, sí, pero, amigos, como dijo Serrat “ahora que tengo (casi) 20 años, hoy aún tengo fuerzas, y no tengo el alma muerta, y me siento hervir la sangre”. En realidad tengo diecinueve, una idea en la mente y, por lo menos por ahora, más corazón que cabeza.



No hay comentarios: