viernes, 12 de noviembre de 2010

Ya lo dijo Henley...


El Papa ha estado en España estos días, por si no se han enterado, y nos ha pedido que vivamos como una sola familia en alusión a que vayamos todos juntos. También ha pedido que prohibamos los matrimonios homosexuales, que el aborto sea abolido y que ni se nos ocurra pensar en la eutanasia. Nos pide que “nos guiemos por la luz de la fe”, según “El Mundo”.
Sobraría escribir lo que pienso del papa y de la Iglesia Católica, santa o no, pero sobre las palabras que nos afectan como Estado si que nos conviene: Confieso que he pensado.
El Papa es Papa, según el ratziocinio por voluntad de Dios, según el raciocinio por voluntad de los demás cardenales, pero no debe ser autoridad a la hora de dirigir un país. Se admiten consejos, es más, escucharemos sus consejos como representante de una parte de la población de España, pero son consejos, no obligaciones.
Aunque suene paradójico, y sin intención de jugar con el nombre del Presidente del Gobierno, el mensaje que quiero transmitirle al papa es “zapatero a tus zapatos.” Nos ha llevado leer muchos libros, vivir mucho tiempo, hablar con mucha gente y tener varios Antonios Gala legalizar el matrimonio homosexual. Es absurdo negar que el fundamento de la vida humana es el matrimonio heterosexual, pero suena muy medieval decir que lo que mueve el matrimonio es procrear, sobre todo teniendo en cuenta el mensaje de amor que Jesús de Nazaret para felicidad del mundo (y advierto: Esto no es sarcasmo) predicaba.
El aborto tiene más miga, y de momento la eutanasia es ilegal en nuestra legislación, pero en cualquier caso es nuestra: Son nuestras decisiones, son nuestros niños nacidos o no y son nuestros muertos.
Somos España, nuestra familia, por una parte, puede ser nuclear, y ser una familia muy, muy grande de hermanos, o puede ser gitana: Igual de grande pero siendo primos considerados hermanos. En cualquier caso es nuestra.
Es lícito, o no, visto constitucionalmente, que el Señor Ratzinger gobierne el Estado Vaticano y promulgue allí sus leyes, pero sus leyes son leyes allí, aquí no tienen validez y si se basan en una religión no lo serán nunca. Como he dicho antes, hemos leído mucho, hemos aprendido más, hemos construido universidades y las hemos habitado, hemos creado una Constitución, así que hemos superado la era de hacer de nuestras religiones leyes.
Sus intentos de gobernarnos, sobran. Como dijo Henley: España es “ama de su destino, capitana de su alma”, y esperemos que la religión haya dejado para siempre de llevar, futbolísticamente hablando, ese majestuoso y sabio brazalete

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